Santa Marta vivirá hoy un doble cierre de campaña que funciona como pulso del poder en el Magdalena. A pocas cuadras de distancia, Margarita Guerra, candidata del caicedismo, y Rafael Noya, excaicedista que ha logrado sumar el sentir del anticaicedismo, buscarán llenar calles y enviar el último mensaje antes de las elecciones del 23 de noviembre.
El caicedismo y el noyismo han recurrido a la vieja práctica de la política tradicional de a hacer conciertos para animar a la gente a ir a sus cierres de campaña, como estrategia para jalonar personas y garantizar la asistencia más allá del fervor ideológico
El acto de Margarita Guerra está programado en la calle 30, entre carreras 4 y 5, a las 4:30 p. m., con presentación de Elder Dayán. La apuesta del movimiento naranja será mostrar que, pese al desgaste político y los reveses judiciales, conserva una base sólida en la ciudad donde nació el proyecto de Carlos Caicedo.
Guerra se presenta como la carta de continuidad del modelo del “Cambio continúa”. Su discurso insistirá en cuidar los programas sociales y en “profundizar los resultados” de los gobiernos caicedistas en salud, educación e infraestructura, en un momento en el que el movimiento intenta revalidar su vigencia después de perder terreno en Santa Marta.
Del otro lado, Rafael Noya cerrará campaña a las 4:00 p. m. en la calle 18 entre carreras 18 y 19, frente a la piscina olímpica, acompañado de varios artistas como Julio Rojas, Criss y Ronny. Su puesta en escena buscará proyectar amplitud: un candidato que pasó por Fuerza Ciudadana, rompió con el liderazgo de Caicedo y hoy reúne a sectores tradicionales, disidentes naranjas y votantes cansados de la polarización.
Noya ha construido su relato desde la ruptura: afirma que el proyecto caicedista cambió de ruta, se volvió cerrado y personalista, y que el Magdalena necesita un nuevo ciclo político. Sobre esa idea intenta consolidar un frente anticaicedista que va desde viejos rivales del movimiento naranja hasta liderazgos que se marginaron del mismo bajo la narrativa “En el Magdalena Cabemos Todos”.
Mientras en las tarimas se disputará quién llena más la calle, en el trasfondo se mantiene la incertidumbre jurídica. El Consejo Nacional Electoral aún no resuelve de fondo las solicitudes de revocatoria contra las candidaturas de Guerra y Noya, lo que añade tensión a una jornada que para ambos es clave en términos de imagen y legitimidad.
El pulso de esta tarde no definirá al próximo gobernador, pero sí marcará el clima con el que el Magdalena llegará a las urnas. En juego está algo más que dos fuerzas políticas: se medirá si el departamento seguirá orbitando alrededor del caicedismo o si el anticaicedismo, hoy encarnado en un excaicedista, logra articular una mayoría.
Después de la música y los discursos quedarán los problemas de siempre: agua, empleo, seguridad, pobreza rural. La verdadera prueba para quien termine gobernando el Magdalena será convertir esta energía de plaza pública en soluciones concretas, más allá de los colores y las viejas rivalidades políticas que hoy dividen al territorio.



