Algunos promueven la tendencia de envejecer con dignidad, refiriéndose con ello a la aceptación estoica del proceso de degradación natural, esto es, a las arrugas en el rostro, la caída y decoloración del cabello, la pérdida de tonicidad y el agrietamiento de la piel, entre otros fenómenos naturales que evidencian el declive corporal.
No afirmaré que están equivocados quienes promueven ese pensamiento, pues la sociedad se enriquece con lo diverso. No obstante, me distancio de dicho planteamiento, pues considero que estimula la renuncia y el conformismo.
Esforzarse por conservar la apariencia juvenil no se reduce a un acto de vanidad. Es un asunto de amor propio y de salud mental. Se trata de un ritual que aviva el fuego interior. Es un regalo para sí mismo y para el mundo exterior.
La edad no tiene que ser un símbolo de canas, achaques y deterioro. Qué mejor manera de iniciar el día que despertar y observarse en el espejo con agrado, con un porte conservado, con los ojos radiantes y sintiéndose complacido por la imagen proyectada. No se trata de aferrarse a la juventud para ridiculizarse o mendigar aceptación. Esculpir el cuerpo es una manifestación de amor.
Los principales agentes que conservan el cuerpo son el ejercicio regular, la alimentación adecuada, la autoestima y la riqueza espiritual. El deporte renueva las células, mejora el ánimo, la circulación sanguínea, coopera en la fase de eliminación de toxinas, fortalece el sistema inmune, óseo, muscular y endocrino. También aporta en la salud mental, pues forja la voluntad y la determinación. A través de dicha práctica el individuo demuestra que es capaz de lograr los objetivos. Ello, desde luego, repercutirá positivamente en todas las áreas del ser. El deporte es una terapia holística. El cerebro trazará en el individuo la máxima del yo puedo y enviará al corazón señales de valor y determinación, las cuales le permitirán a la persona vivir de una forma mejor. Quienes cumplen metas trascienden porque poseen una actitud mental positiva y están en armonía con el universo.
Salvo que una enfermedad lo impida, es un acto de dignidad arribar a la vejez con una apariencia agradable, conservando la fuerza, la flexibilidad y la autonomía; siendo autosuficientes, que podamos agacharnos, soportar cargas, realizar una marcha prolongada y con la actitud mental adecuada para superar los límites.
Ahora bien, hay áreas corporales que no pueden mejorarse a través de la dieta, la meditación ni con el ejercicio. No podemos realizar flexiones de parpados ni sentadillas de entrecejo o de patas de gallina, por ejemplo. ¿Ante la imposibilidad de entrenar los músculos de esas u otras áreas, debemos resignarnos con los signos de envejecimiento? No. La ciencia avanza y ofrece bienestar. No tema en acudir al Botox o al cirujano. No sienta vergüenza por buscar ayuda profesional para mejorar su apariencia, y tampoco se intimide por la crítica de los reprimidos y envidiosos.
Tendemos a reparar el vehículo averiado; a cambiar los colores de las paredes, o a comprar adornos para embellecer el hogar. De igual manera puede obrarse con relación al cuerpo para conservarlo o mejorarlo. Acuda al experto y realícese un overhauling. Si es mujer y le apetece aumentarse la talla de senos, mejorar la dentadura, reducir el volumen o la apariencia del abdomen, la forma de la nariz, del rostro o de los glúteos, ¡hágalo! Y si es hombre, igual, conserve la virilidad y fortaleza para que su pareja sienta que camina con un macho, no con una frágil galleta de soda. El cuerpo es el templo del espíritu. Permita que se sienta conforme en el hogar en el que habita.
¿Qué hay de la pareja? Considero que es un acto de amor ofrendarle la posibilidad de conservar en su presencia el rostro y el cuerpo de quien se enamoró. Que al abrir sus ojos no sienta espanto, sino agrado de la persona que tiene al lado. Que al revisar el álbum fotográfico no sienta nostalgia ni añore el porte del pasado. Que pueda afirmar con propiedad que su pareja es como un vino que mejora con los años. Es una buena forma de contribuir para que perdure la atracción y el deseo.
No discutiré en qué categoría se encuentra ubicada dentro de la escala de valores, pero la belleza, en sus distintas acepciones, es un valor que contribuye a la realización del ser. Despierta los sentidos y la imaginación, genera atracción, produce agrado, encanto y placer visual. La belleza alegra, inspira y le otorga un plus a la existencia.
Lo escrito no es una apología al hedonismo, sino al amor propio. Practique un deporte que contribuya a su bienestar y le permita esculpir el cuerpo que desee; acuda a las bondades de la ciencia, sorpréndase con los resultados, felicítese a sí mismo y sea feliz siendo artífice de su destino.



